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Chiringuito sí, chiringuito no


Durante 10 días de vacaciones en Cantabria hemos podido constatar que si hay algo de lo que no andan escasos es de playas. Poblaciones como Santander, Laredo, Santoña y Noja gozan de unas playas increíblemente largas y de una anchura variable en función de las mareas (¡algo que a la gente del mediterráneo nos llama bastante la atención!).

Aunque hay algo de estas playas, aparte de las mareas, que también me llama mucho la atención, y es el hecho de que ¡NO hay chiringuitos! ¿A qué se debe? ¿hay alguna ley de costas de ámbito cántabro que lo prohíba? ¿o a lo mejor estamos mal acostumbrados los que disfrutamos habitualmente de las playas mediterráneas, que sí disponen de chiringuitos de lo más variopintos?

Bar El Brillante

Situado justo ENFRENTE DE LA ESTACIÓN DE ATOCHA de Madrid está el Bar El Brillante, el que para muchos hace – tal y como ellos mismos se encargan de anunciar- el MEJOR BOCADILLO DE CALAMARES de todo Madrid, y desde este blog damos fe de que el bocadillo en cuestión está muy bueno y vale mucho la pena, aunque si alguien pretende acercarse por ahí también le recomendamos los bocadillos de chistorra y el de ternera con pimientos.

La carta de bocadillos es extensa y se complementa con opciones tales como plato de jamón del país, plato de gambas a la plancha, albóndigas, ensaladas y demás platos típicos de la gastronomía española.

El local es muy amplio y espacioso, aunque curiosamente dispone de pocas mesas en el interior, pero lo compensa con enormes barras tras las cuales atienden un ejército de atentos camareros; camareros de verdad, de los de antes, (algunos tienen pinta de llevar muchos años ahí) que te sirven con rapidez y buen trato. También disponen de terraza exterior.

Las tapas del bar Los Zagales, en Valladolid


Nuestra visita a Valladolid nos ha obligado a hacer un salto en la tónica habitual del blog y hablar, no de un bar sino de LO QUE SIRVE DICHO BAR, única y exclusivamente. Todo empezó el día en el que, en una de esas tardes aburridas y caseras, vimos un capítulo del programa Bares Qué Lugares, de LaSexta, en el que hablaban del bar-restaurante LOS ZAGALES, de Valladolid.

Ellos explicaban que han ganado eventos varios relacionados con las tapas y, sobre todo, había una que habían mantenido en la carta porque la gente la pedía sin cesar. Se trataba del TIGRETOSTÓN, un claro homenaje al Tigretón de toda la vida pero dándole la vuelta, tanto en los ingredientes como en el hecho de servirla caliente. El envoltorio, como podéis ver en la foto, también recuerda al clásico pastelito.

Una de esas tardes en Valladolid nos llevó a Los Zagales y, obviamente, pedimos un Tigretostón. ¡Madre mía, qué cosa más alucinante! Esa mezcla de pan negro, morcilla, cebolla roja confitada y crema de queso estaba deliciosa; tanto, que nos lanzamos a probar todas las otras tapas de la carta y que también han sido premiadas en certámenes varios.

Ristorante Trastevere, más allá de la publicidad engañosa


Después de una mañana de playa completa (sol, baño y juego de palas) en la población cantábrica de NOJA, nos dispusimos a buscar restaurante para comer.

En el parabrisas del coche encontramos un flyer publicitario que anunciaba lo siguiente: TRASTEVERE, Ristorante Pizzería, LA MEJOR COCINA ITALIANA DE TODA LA VIDA. Ante semejante anuncio y pese a recelar culturalmente de este tipo de propaganda, decidimos probar suerte.

El resultado final y conclusión (no quiero extenderme en detalles, pero si queréis flipar os podéis acercar y pedir la ensalada Caprese!) es :

  1. El Restaurante Trastevere NO es un restaurante italiano.
  2. La comida del Trastevere NO ESTÁ BUENA Y NO ES ITALIANA, ni por asomo.
  3. El menú del día NO contiene platos italianos.
  4. Dudo que nadie del personal del restaurante haya pisado Italia en su vida.
  5. La camarera que nos sirvió era simpática, ¡eso sí!
  6. El que ha escrito el flyer tiene unos huevos que se los pisa y/o no ha comido en el restaurante.

Bar Gelín “El Rey de las Rabas”

Paseando por el centro de Santander nos encontramos con un bar clásico y bastante conocido: el Bar Gelín, autodenominado “EL REY DE LAS RABAS” en reiteradas ocasiones: en el letrero, en el toldo de la entrada… ¿demasiado pretencioso, quizás?

De todos modos y aunque el local en sí no llama la atención precisamente por su cuidada decoración (es más bien cutre), atrae el hecho de que esté ABARROTADO DE GENTE a lo largo de la barra y en las pocas mesas que tiene.