El Ayuntamiento, por la supervivencia de los locales históricos de Barcelona


Hemos leído en La Vanguardia, estos días, que se han añadido más locales a la funesta lista de establecimientos históricos cerrados por la nueva Ley del Alquiler; el último, el COLMADO QUILEZ, un lugar que añadía carisma y personalidad a la Rambla de Catalunya y le daba un toque chic a la transitadísima y fea calle Aragó.

Que se cierre el Colmado Quilez es una aberración, es un esputo directo a la historia de Barcelona, a sus atractivos únicos y especiales, esos que diferencian nuestra ciudad de la de al lado y que hace que los demás quieran venir a visitarla y nosotros estar orgullosos de ella.

El caso del Bar Marsella, el más antiguo de la ciudad con unos 200 años de antigüedad, fue un caso sonado y en el Ayuntamiento ya empezaban a reaccionar; sin una ley de protección patrimonial en la mano, el consistorio decidió comprar la finca entera, que estaba a la venta, para salvar tan mítico bar.

Ciudades como París y Roma ya tienen en su haber leyes que protegen esos establecimientos emblemáticos y sus actividades comerciales; de esta forma, el dueño no puede especular al mejor postor y la ciudad protege sus encantos. ¿Qué gracia tiene una ciudad que es una enorme galería comercial de Zara, Mango, Desigual, Nike, Women’s Secret, Massimo Dutti, Sony y demás mega-marcas? Ninguna.

El alcalde Xavier Trias ha empezado a pronunciarse y ha prometido (es político, recordemos como funciona esto de las promesas) que durante este mes de Febrero trabajará con carácter urgente para dar solución a este severo problema. Recordemos que a finales del 2014 se termina la Ley de Arrendamiento Antiguo pero son unos cuantos locales ya los que han bajado la persiana dejando sitio a grandes marcas ante el futuro incierto o negro que se les venía encima. Que sí, que el dueño de un local puede querer cobrar 30000€ al mes en vez de 1000€, pero hay que ser consecuente con la ciudad en la que vives y, qué narices, estar más que orgulloso de que tu establecimiento forme parte de la Historia, en mayúsculas.

Esperemos que pasen muchos años y décadas y siglos para que ya no podamos salir una Domingo de invierno por la tarde a tomarnos un suizo en la Granja La Pallaresa (1947), comprar un Sábado por la mañana unas velas en la Cerería Subirà (1840), ir a tomar unas cervezas en el Casa Almirall (1860), oir las campanillas de la puerta al entrar en la Pastelería La Colmena (1864) o tomarnos la última en el Bar Marsella (1820).

Fuente lavanguardia.com
Foto facebook.com

1 Comment

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  1. 1
    JoseAntonio

    Todo un debate… porque proteger y subvencionar estos locales, no lo convierte en un port aventura de la ciudad con encanto? Si no sobreviven, los mantenemos? Les pagamos tambien el sueldo porque los guiris quieren venir a hacerse las fotos autenticas? Más que camareros, quizás esos locales necesiten actores para que ya hagan bien el papel de tendero tradicional…

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