Los comercios históricos de Madrid, a la deriva

Bares de Madrid
En estas últimas semanas, estamos siguiendo de cerca al Ayuntamiento de Barcelona y sus reuniones de urgencia para intentar solventar el gravísimo problema (que algunos no ven así) de los cierres de tiendas y bares emblemáticos de la ciudad, pero si hay otra ciudad de nuestro país que parece estar dispuesta a cargarse su patrimonio histórico y cultural es MADRID.

La ciudad más castiza de España cuenta en su haber con establecimientos que son VERDADERAS JOYAS, un paisaje que es pura historia y autenticidad, por la que merece hacerle una visita, pasear, disfrutar… De hecho, no hace muchos años el propio alcalde del ayuntamiento llevó a cabo una iniciativa en la que se reconocía, mediante placa firmada por Mingote, a los locales centenarios de Madrid capital. Y hasta aquí.

Hoy día, la situación en Madrid es que el consistorio centra sus esfuerzos en incentivar la economía en forma de ayudas a los nuevos emprendedores y nuevas empresas, ofreciendo descuentos y facilidades para abrir negocios en la ciudad, mientras que no contempla subvenciones ni acciones de ningún tipo para proteger sus locales históricos. Y mientras esto pasa, van desapareciendo la droguería Martínez Orúe (calle Postas, 19) o la perfumería Álvarez Gómez. Algunos otros han visto, recientemente, peligrar su perpetuidad, como el emblemático Gran Café de Gijón, en Paseo de Recoletos.

Los ayuntamientos no entienden o no quieren entender que la HISTORIA DE UN PAIS no es solamente el Palacio Real, la Sagrada Familia, la Puerta de Alcalá o Las Ramblas, en los que cobrar entrada y/o pervertir para que los turistas se gasten el dinero. Sí, a la mayoría de ellos les da igual venir y meterse en un Starbuck’s a tomar sucedáneo de café, comerse una sospechosa hamburguesa en el Burger King o ahogarse en litros de sangría mientras prueban una paella que ninguno de nosotros ni siquiera echaría el ojo. Pero el problema sea, quizás, que como los ayuntamientos no le dan importancia, no se esmeran en incentivar a los turistas a visitar estos sitios, lo que ayudaría a que siguieran existiendo. Es más, y tirando para lo nuestro, nos consta que ni siquiera los barceloneses o madrileños conocen bares emblemáticos de su propia ciudad ¿cómo puede ser?

Nuestras ciudades se van a convertir en una perversión grotesca, en un mal endémico irreversible, y acabaremos viviendo en una ciudad sin gracia alguna, que será una fotocopia de muchas otras.

Vía lavanguardia.com

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