De bares por Chicago


Apabullante desde el aire e imponente desde el suelo, Chicago es una ciudad con una historia tan interesante que bien merece, al menos, una visita en la vida. Origen de los rascacielos y del ascensor; cuna de la mafia y reiterado escenario de películas sobre gángsters, la ciudad del viento nos muestra, además, una cultura y una sociedad distinta a la nuestra, a la europea.

Nuestra misión en esta visita, además de laboral, era, cómo no, la de indagar en los bares más antiguos y emblemáticos de una ciudad que, recordemos, sufrió un incendio devastador en 1871 y que propició, eso sí, una regeneración conceptual en la forma de construir edificios, lo que supuso el nacimiento del rascacielos.

Una de las cosas que más nos llama la atención en prácticamente todos los bares que visitamos es la dimensión de los mismos, espaciosos a rabiar, con barras quilométricas o incluso perimétricas, espacios para mesas bajas, para mesas altas, una cantidad infinita de televisores en los que proyectan mucho partido de baloncesto universitario, etc.

La vista también se nos va a los TIRADORES DE CERVEZA; un desfile de grifos en los que perderse y asombrarse al comprobar que casi nunca faltan grandes artesanas como la Lagunitas IPA, una auténtica maravilla para el paladar. Los americanos, que esto del merchandising lo tienen controladísimo, han ideado mangos personalizados de sus marcas para los grifos de cerveza, así pues, te encuentras locales con una sección de tiradores de lo más pintoresca y auténtica (Kasey’s Tavern, Old Town Ale House, etc).


Nuestro concepto de las tapas y del ir a tapear allí se traduce en ir a comer al bar, ya sea en forma de hamburguesa, bocadillos super rellenos de carne desmigada, muchas patatas fritas y salsa para mojar… gastronomía americana y en formato americano: todo a lo grande. Debe ser por eso que siempre te ponen un vaso de agua con hielo y te lo van rellenando a medida que te lo bebes, para que baje la pitanza. Además, cuanto más dulce esté todo mejor ¡hasta la Coca-Cola sabe más dulce!

Tuvimos la fortuna de coincidir con el día de St Patrick, la fiesta de los irlandeses en la que Chicago tiñe de verde parte del río, monta un desfile militar bastante cutre y la gente se viste de ese mismo color y de la forma más pintoresca, desafiando algunos las temperaturas negativas con camisetas de tirantes y emborrachándose desde las 9 de la mañana, de ahí que a mediodía, aún con media legaña pegada al ojo, te topes con la típica chica que lleva una taja tal que no ve el bordillo de la acera y se mete una ostia de cara contra el asfalto antológica.

Un asunto para los españoles espinoso es de LAS PROPINAS, que en Chicago son obligatorias. Mientras que aquí son opcionales y se dan, en principio, en base a la satisfacción del cliente, allí es una norma establecida y, por lo que hemos leído por ahí, si osas no dejar propina te puedes ganar un buen rapapolvo por parte de quien te ha atendido. ¿Y si te atiende un capullo, qué haces?

Por desgracia, no pudimos ir al mítico club de jazz The Green Mill, al cual conviene ir en taxi por los turbios ambientes que se mueven en ese barrio, pero tenemos una selección de los bares y tabernas más antiguos de Chicago de los que os iremos hablando en las próximas semanas. Si tenéis planeada una visita a la ciudad de Al Capone, Frank Lloyd Wright y Ernest Hemingway, pasear por la carismática y cinéfila Wabash Street y haceros la foto de rigor en la “judía” de Anish Kapoor, añadid a la lista estos bares, que os van a encantar.

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