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La Santísima Trinidad

Si hablamos desde el punto de vista de la restauración, en lo que concierne a Barcelona ciudad y más concretamente a su núcleo turístico (véase Barrio Gótico y Barrio de la Rivera o Borne) y nos damos un paseo por sus ajetreadas calles, no tardaremos en percatarnos de que la mayoría de locales han abrazado una nueva religión gastronómica.

El exponente más visible de esta nueva confesión es su Santísima Trinidad que, en este caso, se postula como dogma central sobre la naturaleza, no de un Dios, sino de una experiencia comercial: el lucro puro y duro.

No son pocos los locales, casi todos concentrados en LAS RAMBLAS, que se han convertido ya desde hace unos años a esta nueva religión y que ansían desesperadamente captar nuevos adeptos entre los miles de despistados transeúntes. Éstos son inefablemente abordados por los insistentes predicadores que aguardan en las puertas de sus templos gastronómicos con su Biblia-Menú en la mano y con un discurso que ha conseguido calar hondo sobre todo entre los turistas:

  • SANGRIA
  • TAPAS
  • PAELLA

Extrapolando las tapas: la tapa-souvenir


Este post nace a raíz de un descubrimiento fortuito en unos grandes almacenes de Barcelona, más concretamente en su departamento de souvenirs y recuerdos de Barcelona y de España, enfocado, claro está, al turista extranjero que abunda y mucho por la ciudad Condal.

El caso es que después de echar un vistazo a banderas, gorras, horribles frascos de sangría con forma de toro (¡qué darían para otro post!), postales y demás enseres típicos, dimos con un producto del cual desconocíamos por completo su existencia y que nos impactó notablemente.

Estamos hablando, de un producto gastronómico de formato novedoso cuyo nombre es TAPAS TO GO! y cuyos creadores se parapetan bajo el nombre de “La Lola ya no vive aquí”.

La Bodeguita sin nombre o “El Palas”

Aconsejados por nuestros amigos del Mugi (leer post anterior) nos dirigimos en busca de la que, según ellos, es de las pocas bodegas o bares realmente auténticas que quedan en la ciudad de Bilbao.

Curiosamente, se encuentra en la misma calle, cosa nada extraña teniendo en cuenta la gran densidad de bares que hay en dicha arteria de ocio como es la calle Licenciado Poza y no nos costó mucho encontrarla; y eso, a pesar de que dicha bodega no tiene ningún cartel o letrero en la fachada que ayude a identificarla.

La razón de esa ausencia la supimos con posterioridad degustando una cerveza y charlando con Ione, su propietaria, que al igual que en el caso del Mugi, es ya la tercera generación que regenta el local. Son ya MÁS DE 60 AÑOS dando servicio a la parroquia local, que sigue fiel a su cita en esta emblemática y a la vez discreta taberna, que nació sin nombre y así sigue a pesar de que algunos la apodan “EL PALAS”, como simpática metáfora y referencia a su “ostentosa” decoración.

De pintxos por Bilbao…


Después de pasar unos días en la cada vez más bonita ciudad de Bilbao, nos vemos en la obligación de hacer un pequeño escrito en defensa de la calidad humana que hemos encontrado en ciertos bares y restaurantes.

Hay veces que tienes que dejar de lado las normas (en este caso impuestas por nosotros mismos) y hacer un alegato en defensa de algunos establecimientos que en estricto cumplimiento de dichas normas, no pasarían el corte de nuestra selección. En este caso, estamos hablando no tanto de un establecimiento en sí, como es el MUGI, sino de UNA MANERA DE ENTENDER LA PROFESIÓN y de acoger a los nuevos clientes. Un “savoir faire”, que dirían nuestros vecinos franceses, que a veces nos sorprende muy gratamente por el simple y lamentable hecho de que es algo que cuesta encontrar.

Hablamos de algo tan sencillo, a priori, como de LA SIMPATÍA POR EL CLIENTE NUEVO (de los asiduos ya ni hablamos), del buen trato y de cómo hacer que una persona se sienta a gusto en un local de forma nada artificial. Es un comportamiento que no adjudicaríamos en exclusiva a un solo local de la ciudad pero desde luego el MUGI es un referente claro de lo que estamos hablando.

Barcelona Beer Festival 2014. Más allá de la cerveza


Antesdeayer finalizó la tercera edición de la Barcelona Beer Festival y ya podemos confirmar que ha sido un EXITAZO en cuanto a afluencia de público; tanto ha sido así que la organización se ha visto obligada a cerrar el acceso en más de una ocasión por la limitación del aforo, dejando en espera a toda la gente que hacía cola.

Esta situación no es nueva, puesto que viene repitiéndose desde la 1ª edición, lo que confirma, por una parte, la gran acogida que tiene este festival y, por otra, que no le afectan los cambios en su ubicación. Ya van 3 festivales y 3 localizaciones diferentes. Desconocemos si es una estrategia premeditada o simple constatación de lo difícil que es encontrar una buena ubicación que reúna los requisitos necesarios para un evento de estas características en el centro de la ciudad. Sea como sea ¡¡esperamos ansiosos la próxima BBF!!

Pero desde esta plataforma, amén de alegrarnos del éxito conseguido y pese a ser unos grandes defensores de este tipo de eventos relacionados con la CERVEZA ARTESANA, también nos vemos en la obligación de hacer una leve crítica en un aspecto que, humildemente, creemos que está descuidado y que se podría potenciar en futuras ediciones.

The Green Door Tavern – Chicago

En nuestro periplo por la ciudad del viento hemos hecho parada obligatoria en uno de sus establecimientos más antiguos y emblemáticos. Estamos hablando de The Green Door Tavern que, haciendo plena justicia a su nombre, se caracteriza en su parte exterior por la pintura verde presente en toda su estructura y, claro está, en su puerta de acceso.

El local SE FUNDÓ EN 1872, justo un año después del famoso incendio de 1871 que arrasó gran parte de la ciudad y fue uno de los pocos edificios que aún se construyeron en madera puesto que, poco después y a consecuencia del incendio, se prohibieron este tipo de construcciones.

Bodega Antigua Casa Paricio

Por fin, y después de 3 tentativas fallidas por motivos diversos, hemos visitado la Bodega Antigua Casa Paricio de Zaragoza. Era alta la expectación después de habernos informado por internet en su página web y, desde luego, no nos ha defraudado lo más mínimo.

El local, que está situado no muy lejos de la basílica del Pilar y de la zona céntrica de bares, aunque no está en el epicentro de la marea de ocio, tiene el aspecto más CLÁSICO Y ACOGEDOR que se le puede pedir a la típica bodeguita de barrio de toda la vida; esas que tanto nos gustan y que invitan indefectiblemente a entrar, pedirse unas anchoas y un vermut y disfrutar de la estancia.

Visita a la Cervesa del Montseny


Como no podía ser de otra manera, y después de haber pasado ya por diversas microcerveceras, no hemos podido ni querido posponer más una visita que hacía tiempo que habíamos prometido y que teníamos pendiente: la Cervecera Montseny.

Al pie de la montaña de la que toma el nombre, esta fábrica, que funciona desde hace MÁS DE 7 AÑOS, ofrece cada sábado visitas guíadas con cata incluída a grupos reducidos. La visita dura apróximadamente unas 2 horas y media y es exhaustiva. No solamente te dan a probar y conocer unas 5 ó 6 variedades de sus cervezas artesanas sino que lo acompañan con un discurso de lo más didáctico. Es admirable comprobar la pasión y las ansias comunicativas que transmite Jordi (responsable de toda la parcela comercial) que, en esta ocasión, fue nuestro guía y mentor.

Bar Bodega Balmes


Actualización 12-01-2016: la bodega ha reabierto con nuevo look y nueva carta.
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Como creadores de esta humilde plataforma de BARES AUTENTICOS nos encontramos en muy pocas ocasiones con establecimientos que, reuniendo perfectamente los requisitos de nuestro filtro, no desean formar parte de nuestra plataforma divulgativa. Es una situación un tanto contradictoria pero a la vez muy fiel al espíritu indomable y genuino que tanto defendemos desde este blog.

Es por eso que esa dicotomía nos conduce a una situación un tanto paradójica: nos encanta y reafirma en parte en nuestra propuesta el hecho de que un establecimiento no requiera de ningún estímulo propagandístico ni publicitario (venga de quien venga) y a la vez nos entristece el no poder dar parte de nuestros pequeños descubrimientos al gran público.

Este dilema se nos presentó por primera vez en Madrid con el bar La Venencia, del cual dimos parte en un post anterior y en el cual respetamos la voluntad de sus propietarios de no publicar fotos, si bien pudimos dar nuestra opinión y recomendaciones como un cliente cualquiera.