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Bar Can Paixano

Antes que nada, decir que mucha gente no conoce este bar por su nombre sino por el de “EL CHAMPAÑILLO” ¿por qué? Seguramente, se deba a que el local NO TIENE LETRERO EN LA ENTRADA que indique su nombre; de hecho, no hay nada más que la puerta, lo que dificulta el encontrarlo, sobre todo, si está cerrado. De todas formas, esto no es un problema para la asidua clientela y para los guiris, que acuden todos los días en masa al Can Paixano.

El bar tiene DOBLE FUNCIONALIDAD; por un lado ejerce como BAR DE BOCADILLOS y raciones de los productos más grasientos y siempre fritos posibles (léase morcilla, bacon, chistorra, chorizo, hamburguesa…), embutidos como la cecina o el jamón, etc. Y, por el otro, tiene una tienda en el fondo donde venden conservas varias y los vinos espumosos por los cuales se han hecho famosos y han apodado el local. TIENDA QUE ABRE de 9 a 15h y de 15:30 a 20h. Por cierto, EN ESTE BAR NO EXISTE LA CERVEZA, pero hay que admitir que el rosado está realmente bueno.

Bar Casa Pagès

El Bar Casa Pagès es uno más de los muchos bares que pueblan el barrio de Gracia, que no destaca por nada en particular pero que resulta involuntariamente acogedor. El encanto del local radica en su falta de pretensión y en su aspecto añejo que ha sabido envejecer sin perder personalidad y sin sufrir grandes cambios.

Se mezcla con naturalidad una clientela mayoritariamente joven con algunos ancianos asiduos -de la quinta del dueño del local- que pasan sus despreocupadas y desocupadas tardes sentados en alguna de las mesas, aunque, para regocijo de estos “abuelos”, hay una abundante rotación de camareras (por lo visto no se estila el género masculino para estos servicios) que cumplen de forma correcta con su cometido.

La cocina abre a partir de la 21.00h y se especializa en ensaladas, tortillas, bocadillos con nombres de filósofos(?) y unas patatas bravas más que correctas aunque sin comparación posible con las del bar Tomás (las comparaciones son odiosas).

Bar El Roble

barra del bar
También conocido como El Roure (en catalán), este bar de tapas y situado en el emblemático barrio de Gracia de Barcelona es un clásico entre los clásicos, pues se abrió en 1889 y, poco más o menos, mantiene ese aire de bar auténtico desde entonces. Con un amplio horario de lunes a sábado y las retransmisiones de los partidos del Barça, este bar es famoso en su barrio y, por ello, imagino, está siempre hasta arriba de gente.

Seguramente sería aplicable para este bar el refrán “cría fama y échate a dormir”, pues tengo que decir, categóricamente, que las tapas de El Roble no valen nada de nada.

A saber, pedimos una de bravas, una esqueixada (ensalada de bacalao), unas croquetas de jamón y pulpo a la gallega. Excepto la ensalada, que no estaba mal, todo lo demás pecaba de desidia y ganas de hacerlo mal, pues las patatas bravas eran prácticamente incomibles, el pulpo a la gallega estaba muy soso (algo que nunca antes me había pasado) y las croquetas eran de Pescanova, por lo menos; eso sí, a precio de unas caseras.