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El renacer del Bar Muy Buenas

No todos los días podemos dar la noticia de que un bar emblemático, tras cerrar de forma dramática, vuelve a abrir sus puertas. El bar MUY BUENAS lo ha hecho y a lo grande, devolviéndole la dignidad que su anterior inquilino bien se encargó de destrozar y que hizo temer por un fatídico final para este precioso bar modernista del barrio gótico de Barcelona.

Ahora, el Muy Buenas renace como si no hubiera pasado el tiempo, con sus detalles y mobiliario resplandecientes tal y como lo hiciera a principios del siglo XX, y es que sus actuales titulares, Enric Rebordosa y Lito Baldovinos (responsables también de La Confiteria y de Dr. Stravinsky), decidieron RESTAURAR el local sin trampa ni cartón, al modo artesano de la época, aunque para ello tuvieran que invertir bastante más dinero. No solo recuperar un local emblemático nos encanta, también echar mano de maestros artesanos cuya profesión está casi extinta es todo un acto de rebeldía contra la era digital y tecnológica que nos absorbe.

Los mejores calamares a la romana de Barcelona


Se les ama y se les odia por igual; clásico entre los clásicos, los calamares a la romana sufren el cariño más tierno o la tortura más despiadada de los bares que deciden incluirlo en su cartas, que no son tantos como pudiera parecer. Y es que podemos tener la suerte de encontrárnoslos super frescos y recién bañados en un suave rebozado, congelados de bolsa pero rebozados al momento o el total look: calamar y rebozado congelados listo para salir de la bolsa y zambullirse en la humeante freidora.

Si bien el savoir-faire del cocinero y la calidad del rebozado pueden ayudar y mucho a mejorar una materia prima decente o reguleras, en el último caso no hay por donde coger el calamar, la verdad. Suerte tendremos el día que dejemos de ver para siempre en un bar o restaurante ese calamar con rebozado de color amarillo verdoso que parece haberse fabricado en la central nuclear de Homer Simpson y que no te está diciendo precisamente “cómeme”.

A colación de nuestra intervención en el programa de radio VIA LLIURE de Rac1 del día 15 de Julio de 2017, hemos decidido dejar constancia de los calamares a la romana que, a día de hoy, nos hacen salivar solo con recordarlos. Y no es un bar, precisamente, el que nos tiene más enamorados…

Casa Alberto


A punto de cumplir los 200 años de existencia, CASA ALBERTO es toda una institución en Madrid; ubicado en unos de los barrios más interesantes y carismáticos de la capital, funciona como taberna y como restaurante (de 13:30 a 16h y de 20 a 24h).

Casa Alberto llama la atención por muchos motivos. Su fachada rojo sangría y su letrero negro con letras doradas resalta sobre el resto, sobre todo si venimos por la calle Príncipe. Su interior recargado de molduras de madera, lámparas antiguas y fotografías o recortes de periódico transforman este lugar en un local acogedor que parece transportarte a otro siglo; quizás a 1924, cuando el dueño de entonces -Alberto de Dios- hizo la reforma que ha llegado hasta nuestros días.

Bodega El Pimpi


La última vez que pisamos Málaga desconocíamos la existencia de este bar, que resulta ser toda una institución en la ciudad. EL PIMPI es auténtico pero no centenario, y es que su envidiable emplazamiento y su ubicación en un enorme caserón del siglo XVIII dan la impresión de que lleve ahí toda la vida.

Inaugurado en 1971, la bodega debe su nombre a un conocido personaje de la ciudad que ayudaba a las tripulaciones y pasajeros que llegaban al puerto y, años más tarde, ampliaban su abanico convirtiéndose en guías turísticos de Málaga.

EL PIMPI ES UNA PASADA. Dividido en dos zonas diferenciadas por una entrada propia, lo que se definiría como El Pimpi aprovecha prácticamente todo el caserón con salones y terrazas para los clientes; una inmensidad de bar de varios pisos, diferentes barras, decenas de mesas, barricas para aburrir y motivos andaluces de antaño. No falta el “muro de la fama”, una pared atiborrada de fotos de personajes célebres y famosetes que han pasado por El Pimpi.

El Sortidor de Filomena Pagès


El barcelonés barrio de POBLE SEC ha vivido en estas últimas décadas cambios radicales de todo tipo, pasando de ser un lugar denostado a la actualidad, en la que predomina el ambiente, la oferta ocio-cultural, el fervor de los nuevos emprendedores, que buscan su sede entre sus calles… un barrio que está de moda tanto para autóctonos como para turistas.

Buen testimonio de estos cambios es el bar EL SORTIDOR, situado en la plaza homónima y que desde 2015 ha sido rebautizada como El Sortidor de Filomena Pagès, en honor a la abuela de una de las propietarias originales. Más de 100 años vividos y con una historia fascinante, pues este local empezó abasteciendo de hielo a las casas del barrio en una época en que las neveras eran poco menos que prohibitivas. Más tarde, y durante la Guerra Civil, Filomena aprovechaba la comida que su marido Quimet le enviaba de estraperlo para, en un derroche de generosidad, ofrecerlo a los niños y pobres de Poble Sec.

La Casa de las Torrijas

Nos encontramos en el centro de MADRID, en uno de esos bares tan emblemáticos y auténticos de la ciudad: LA CASA DE LAS TORRIJAS, un bar fundado en 1907 por Luis Montón, oriundo de Tomelloso que viajó a la capital trayéndose sus vinos y azulejos para montar este negocio y El Anciano Rey de los Vinos.

La Casa de las Torrijas es un local de tamaño medio y diáfano (cuenta con una pequeña sala anexa) cuya decoración es prácticamente original: los espejos de la pared, los bancos de madera, las mesas con sus gruesos cristales, los azulejos de Tomelloso… e incluso mantienen, aunque sólo sea a modo decorativo, la caja registradora de antaño.

Llama la atención los distintos rótulos que cuelgan de la pared, pertenecientes a los dos bares de Luis Montón y que por motivos varios se tuvieron que quitar de la fachada. Lejos de deshacerse de ellos, los guardaron y mantuvieron, una sabia decisión que denota ese amor por lo original y auténtico y que hoy día se agradece contemplar cuando estás en el bar. Suerte que los actuales dueños son también conscientes del valor romántico y prefieren restaurar a cambiar por algo más barato.

La Casa del Abuelo


Callejeando por el centro de Madrid nos encontramos con LA CASA DEL ABUELO, una taberna centenaria que empezó en 1906 bajo el nombre de La Alicantina y que se hizo famosa en la ciudad por tener uno de los mejores vinos dulces de la ciudad, traído, precisamente, de Alicante.

“El vino del abuelo” era lo que pedían los clientes y ya pocos llamaban a este local por su nombre, así que sus dueños tomaron la decisión de cambiárselo a como lo conocemos hoy. Aún así, no han cambiado su esencia ni su filosofía, pues mantienen su oferta gastronómica, escueta y de calidad, y hasta la vajilla y plancha originales.

La bodega d’en Rafel


Corrían los años 60 cuando un joven y deportista chaval adquirió el bar Terra Alta, situado en la calle Manso de Barcelona. Decidió cambiarle el nombre y ponerle el suyo propio; así nacía, pues, la Bodega d’en Rafel.

De dimensiones no muy grandes, la Bodega d’en Rafel cuenta con elementos clásicos como las barricas de vino, las neveras antiguas, las baldosas de pared, las mesas de mármol y forja, las sillas de madera torneada… y costumbres tan nuestras como EL DOMINÓ y las cartas se juegan habitualmente, si bien este tipo de ocio se limita a gente de cierta edad y será una lástima comprobar dentro de unos años que está desaparecido en los bares.

Taberna Casa Enrique


Viajar en el tiempo entre 4 paredes a pleno siglo XIX se torna tarea complicada cuando de lo que se trata es de un bar. Cada vez es más difícil tropezarse con uno de ellos y los que permanecen, luchan como jabatos por mantenerse; por eso es especialmente emocionante adentrarse en uno de ellos. Esta vez, nos ha tocado ir a Granada a visitar Casa Enrique, una bodega FUNDADA EN 1870 muy conocida por sus vecinos y casi nada por el turista, que se deja llevar por las cartas llamativas y los “typical spanish”.

Casa Enrique es una auténtica sede social, donde muchos clientes son asiduos y ya amigos, donde son muchos los famosos que se han sentido como en casa y, todo, en un espacio reducido y abarrotado, lleno de barricas, botellas, fotografías, muebles… Un templo en el que adorar el buen comer y el buen beber.