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Cafè de l’Òpera

Ochenta y tres son los años que acompañan al Café de la Ópera, emblemático local situado en una de las calles más transitadas del mundo: Las Ramblas de Barcelona, y justo enfrente del Gran Teatro del Liceo. No es de extrañar, entonces, que sus 4 paredes nos hablen de la historia de UNA BARCELONA DEL SIGLO XVIII, cuando aquél era el punto de partida de muchos carruajes a ciudades como Zaragoza o Madrid.

Más tarde, en pleno siglo XIX y a raíz de la construcción del Liceo, lo que fuera una tasca SE CONVIRTIÓ EN UNA CHOCOLATERÍA de decoración vienesa cuyos delicados espejos se conservan hoy día, además de otros detalles decorativos.

Actualmente, el Café de la Ópera es un bar-restaurante al que acudir, tanto para DESAYUNAR como para MERENDARSE un suizo con churros (lo que hicimos nosotros) o, incluso, para ir a COMER O CENAR, y es que su holgado horario permite esto y mucho más.

Granja M. Viader

Para cerrar el capítulo de granjas vamos a hablar de una de las favoritas de los barceloneses y, sin duda, una de las que tiene más historia. Fundada en el año 1870, la Granja M.Viader se especializa en la elaboración de derivados lácteos como quesos frescos o yogures; destacaremos, eso sí, la SABROSA NATA QUE SIRVEN BIEN FRÍA en un delicioso contraste con el chocolate caliente.

EL SUIZO, que es como se llama por estos lares a esta mezcla de chocolate con nata, es la gran estrella de este tipo de establecimientos y en la Granja Viader no podía ser de otra forma.

El local funciona como cafetería y a la vez dispone de un mostrador en la zona de entrada en el que se pueden COMPRAR MULTITUD DE PRODUCTOS FRESCOS o embutidos de calidad. En el resto del establecimiento, que dispone de una sola planta de dimensiones no muy amplias, se dispersan ordenadamente las mesas en las que se congregan multitud de personas de procedencia diversa: jóvenes turistas, familias con niños y los entrañables GRUPITOS DE ABUELAS.

Granja Dulcinea

Viajamos a las puertas del siglo XIX para adentrarnos en una de las granjas más antiguas de la ciudad, y es que pocas en Barcelona podrán decir lo mismo. EN 1803 ABRIÓ SUS PUERTAS la Granja Dulcinea, situada en la gótica, peatonal y encantadora calle Petritxol.

Es asombroso que, más de 200 años después, los propietarios sigan preocupados en mantener EL LOCAL IMPECABLE y con la estética que, si bien entendemos que ha sufrido cambios a lo largo de su historia, te lleva irremediablemente a épocas pasadas.