Blog

La Casa de las Torrijas

Nos encontramos en el centro de MADRID, en uno de esos bares tan emblemáticos y auténticos de la ciudad: LA CASA DE LAS TORRIJAS, un bar fundado en 1907 por Luis Montón, oriundo de Tomelloso que viajó a la capital trayéndose sus vinos y azulejos para montar este negocio y El Anciano Rey de los Vinos.

La Casa de las Torrijas es un local de tamaño medio y diáfano (cuenta con una pequeña sala anexa) cuya decoración es prácticamente original: los espejos de la pared, los bancos de madera, las mesas con sus gruesos cristales, los azulejos de Tomelloso… e incluso mantienen, aunque sólo sea a modo decorativo, la caja registradora de antaño.

Llama la atención los distintos rótulos que cuelgan de la pared, pertenecientes a los dos bares de Luis Montón y que por motivos varios se tuvieron que quitar de la fachada. Lejos de deshacerse de ellos, los guardaron y mantuvieron, una sabia decisión que denota ese amor por lo original y auténtico y que hoy día se agradece contemplar cuando estás en el bar. Suerte que los actuales dueños son también conscientes del valor romántico y prefieren restaurar a cambiar por algo más barato.

Taberna La Dolores


Qué sería de Madrid sin sus tabernas, se pregunta uno cuando aterriza en la ciudad en busca de cañas de cerveza tiradas como Dios manda y de la tapa que la acompaña. Es una gozada pasear por barrios como HUERTAS y descubrir en cada calle no uno ni dos sino un sinfin de bares y bodegas, a cual más auténtico y atractivo.

En uno de estos paseos nos topamos con la TABERNA LA DOLORES, cerca del Museo del Prado y FUNDADA EN 1908. Un lugar centanario que cuenta con una parroquia fiel y autóctona, que acude con asiduidad por la familiaridad con los camareros, por sus precios razonables y porque se está a gusto.

Una gran barra preside el local, que además cuenta con paredes repletas de jarras de cerveza y un rincón al fondo con 4 mesas. Pero la fachada es lo que más llama la atención y, si bien se estila mucho en Madrid el uso del azulejo en los bares, aquí se aplica de forma distinta, en modo “trencadís”, al más puro estilo Gaudí.

Café Barbieri


Nos vamos al heterogéneo barrio madrileño de LAVAPIES para visitar un café centenario y emblemático que descubrimos años atrás, paseando por el barrio. Se trata del Café Barbieri, fundado en 1902 en la calle Ave María, 45, en una esquina que glorifica esa increíble fachada de madera pintada en tono crema.

El interior nos transporta de inmediato a tiempos pasados, en los que se trabajaba la madera, se adornaba con molduras y los cristales se serigrafiaban con motivos clásicos. Así es el Barbieri, un espacio diáfano que refuerza su amplitud con los innumerables espejos que decoran el interior y con un mobiliario típicamente de bar: mesas de sobre de mármol y patas de hierro forjado, y sillas de madera torneada. La majestuosa barra de madera hace el resto.

La Casa del Abuelo


Callejeando por el centro de Madrid nos encontramos con LA CASA DEL ABUELO, una taberna centenaria que empezó en 1906 bajo el nombre de La Alicantina y que se hizo famosa en la ciudad por tener uno de los mejores vinos dulces de la ciudad, traído, precisamente, de Alicante.

“El vino del abuelo” era lo que pedían los clientes y ya pocos llamaban a este local por su nombre, así que sus dueños tomaron la decisión de cambiárselo a como lo conocemos hoy. Aún así, no han cambiado su esencia ni su filosofía, pues mantienen su oferta gastronómica, escueta y de calidad, y hasta la vajilla y plancha originales.

Taberna Antonio Sánchez


Pocos barrios hay en Madrid tan castizos como Lavapiés, conformado por serpeantes calles repletas de negocios de barrio y de tabernas más que interesantes. Es aquí donde nos encontramos con la Taberna Antonio Sánchez, centenaria, castiza y muy torera, ya que sus primeros dueños siempre estuvieron dedicados a este mundo.

Fundada en 1830 por el matador Cara Ancha, fue en 1884 cuando el torero Antonio Sánchez la adquirió rebautizándola tal y como la conocemos hoy en día. Con todo este historial no es de extrañar, entonces, que el interior esté lleno de detalles alusivos al mundo del toreo: fotografías de ilustres toreros, cabezas de toro, recortes de periódico, etc. Y en la carta, clásico entre los clásicos de Madrid, el rabo de toro.

Dejándonos recomendar por el simpático camarero, vecino también de Lavapiés, nos decantamos por una merluza rebozada y el rabo de toro que, cual señal del destino, nos tocó la última ración y por ello la más generosa, cosa que agradecimos en cada bocado.

Casa Labra

Viajamos al Madrid del siglo XIX para encontrarnos con la apertura de Casa Labra, una estupenda taberna que, 154 años más tarde, sigue manteniendo buena parte de la esencia original, algo que sus vecinos y los turistas agradecen asistiendo en religiosa peregrinación a probar sus especialidades en bacalao.

Casa Labra es un local dividido en dos zonas, la taberna propiamente dicha y el restaurante, al cual se accede desde fuera, por una entrada lateral, o desde dentro. Pero nosotros nos vamos a centrar en la primera, que es la que nos interesa.

Con un sistema que agiliza enormemente la entrada y pedidos de los clientes, las larguísimas colas son solo un espejismo de lo que tardamos en entrar, apenas 5 minutos. Una vez en la caja de la entrada, te toca pedir y buscar un rincón donde apoyar los platillos. Su especialidad: el bacalao.