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De pintxos por Bilbao…


Después de pasar unos días en la cada vez más bonita ciudad de Bilbao, nos vemos en la obligación de hacer un pequeño escrito en defensa de la calidad humana que hemos encontrado en ciertos bares y restaurantes.

Hay veces que tienes que dejar de lado las normas (en este caso impuestas por nosotros mismos) y hacer un alegato en defensa de algunos establecimientos que en estricto cumplimiento de dichas normas, no pasarían el corte de nuestra selección. En este caso, estamos hablando no tanto de un establecimiento en sí, como es el MUGI, sino de UNA MANERA DE ENTENDER LA PROFESIÓN y de acoger a los nuevos clientes. Un “savoir faire”, que dirían nuestros vecinos franceses, que a veces nos sorprende muy gratamente por el simple y lamentable hecho de que es algo que cuesta encontrar.

Hablamos de algo tan sencillo, a priori, como de LA SIMPATÍA POR EL CLIENTE NUEVO (de los asiduos ya ni hablamos), del buen trato y de cómo hacer que una persona se sienta a gusto en un local de forma nada artificial. Es un comportamiento que no adjudicaríamos en exclusiva a un solo local de la ciudad pero desde luego el MUGI es un referente claro de lo que estamos hablando.