Quedan aún en la ciudad de Chicago unos poquitos diners, esos bares-restaurantes tan típicos de Estados Unidos y tan emblemáticos en la ruta 66 (aunque algunos son de pega), que se caracterizan por una estética ochentera, con alicatados en forma de damero y colores vivos, con carteles de neón, camareras de uniforme blanco y cafetera en mano, grandes cristaleras en su fachada… y comida edulcorada y grasienta, a poder ser.

Un amigo que residió en esta preciosa ciudad durante muchos años nos indicó el WHITE PALACE GRILL como visita ineludible. Ahí que fuimos, madrugando mucho y luchando contra el viento helador para ir a desayunar a un clásico diner. El menú estaba claro: hectolitros de café americano, panqueques de guarnición y un primer plato hipercalórico para afrontar la larga jornada que nos esperaba.

Sea por las DICHOSAS PROPINAS OBLIGATORIAS o porque los americanos son abiertos por naturaleza, la verdad es que las camareras y el encargado eran de lo más atentos y simpáticos; ellas pendientes en todo momento de rellenarte el vaso de café o de agua; él que te sonreía a lo grande mientras te cobraba y te devolvía el gorro, que nos habíamos dejado olvidado.

La filosofía del White Palace Grill es la de abrir las 24 horas del día y la de no permitir que nadie ocupe el sitio más de 2 horas seguidas, claro que con esos alimentos, más vale quedarse lo justo. En nuestro caso, hemos de matizar, la salchicha (que ellos llaman “italiana”) estaba un tanto re-que-te-hecha pero LA TORTILLA de bacon, salchicha, jamón dulce y queso estaba buenísima.

¿Recomendar este histórico lugar? Absolutely! Eso sí, no está en el centro, así que toca coger un autobús y andar un poco. Luego, siempre nos podemos quedar por la zona, que está llena de centros comerciales.

White Palace Grill
1159 S. Canal St. Chicago


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